Sino Hago lo Que Veo

"Sino hago lo que veo..." esta frase nace de la intención de emular una acción con el fin de obtener lo que otro tiene.

En los años que llevo de empresario y emprendedor, he visto pasar negocios y negocios, seguidos por distintas modas que marcan la tendencia hacia el negocio que está en boga. Esto me lleva a pensar si para todos el éxito del vecino necesariamente tiene que ser tu propio éxito?..., y la verdad después de analizar veo que no. Muy pocas veces los negocios que son la moda del momento logran perdurar en el tiempo, y los que logran trascender en el mismo son los que efectivamente no vieron el éxito del vecino como su éxito, sino más bien como un punto de referencia para poder innovar y crear algo que sea sostenible en el tiempo.

Para probar esto me gustaría citar 3 negocios, cerveza artesanal, food trucks y; plazas de food trucks.

Hace algunos años comenzaron los pioneros de la cerveza artesanal. Muchos de ellos con conocimientos sólidos y estudios en la materia, otros simples apasionados conocedores. Al principio como todo negocio nuevo tiene sus problemas para llamar la atención del mercado, pero rápidamente se popularizó entre los millennials. Al ver esta popularidad muchos emprendedores empezaron a sacar distintas marcas de cerveza, una mejor que otra, pero en su mayoría todas se basaban en lo mismo.

¿Que paso?, el mercado se comenzó a saturar. Esto principalmente porque no todos estaban dispuestos a pagar más por una cerveza y mucho menos experimentar sabores diferentes de las mismas, lo que hacía que el nicho de mercado se vuelva más reducido. Esto conllevo que muchas nuevas cervezas no se puedan mantener en el mercado ya sea por cuentas incobrables, canales de distribución o simplemente la cerveza no gusto. Y solo se mantengan las que realmente fueron pioneras en el mercado, las que tienen tecnología y las que tiene el musculo financiero.

Los food trucks, por otra parte, fue un fenómeno que se tomó las calles de Quito hace unos 3 años. Un par de emprendedores orientados por la cultura de comer en la calle de otros países deciden replicarlo. Al poco tiempo debido a la gran popularidad, otros emprendedores deciden ofertar más opciones y así poco a poco ir llenando las calles de Quito. El resultado de este crecimiento no controlado, genero un problema hacia los moradores de las calles en que estos food trucks se estacionaban, los restaurantes y el público en general. Ya que empezaron a colapsar las calles, específicamente las de más tránsito, por ejemplo la República del Salvador, donde uno tras otro se parqueaba para vender sus productos. Esto en adición generó contaminación visual, al igual que contaminación física; ya que muchos de los desperdicios la gente los botaba en las calles.

Por el lado de los restaurantes también fue una molestia ya que ninguno de estos food trucks pagaba arriendo, ni tenía que cumplir con ninguna ley, dado que al momento claramente existía un vacío legal, por ser un nuevo modelo de negocio.

Debió pasar algunos meses para que el municipio tome cartas en el asunto y comience a formalizar este negocio. Lo primero que hizo fue negar el espacio de parqueo, segundo solicitar permisos, tercero designar zonas donde se podrían parquear y cuarto cobrar por el uso de estas zonas.

Lo que logró fue que el negocio deje de ser atractivo. Principalmente porque las zonas donde se designaron los permisos eran de poco atractivo comercial, el costo del uso de estas zonas era elevado y al azar, no se sabia donde realmente te iban a asignar. Finalmente tomaba mucho tiempo hasta que efectivamente se asigne el espacio, ya que existía tanta demanda de espacios que para el municipio no fue fácil gestionarlo con rapidez.

Las plazas de food trucks, fue una solución rápida al problema de la contaminación de los mismos en las calles. Ya que se designaba un lugar privado donde se puedan parquear, debían cumplir con los permisos de ley y a su vez poder brindar comodidad a sus clientes, dado que estas plazas contaban con mesas, sillas, juegos, música, shows, baterías sanitarias, etc.

¿Que fue lo que paso?, al poco tiempo estas plazas proliferaron rápidamente en Quito, todas ellas basadas en un mismo modelo de negocio. Logrando que al poco tiempo la gente se sienta fastidiada de esta proliferación; ofreciendo lo mismo, tanto en su decoración, como en el tipo de comida que servían. Evidentemente quitó lo atractivo y lo diferente de como fue pensado el negocio inicialmente. Si bien es cierto fue una solución a la contaminación de food trucks en la calle, pero el primer concepto de plaza de food trucks, buscó: primero ser amigable con el medio ambiente, ya que la mayoría de los materiales usados eran reciclados. Segundo poder dar un ambiente diferente, un lugar que te sientas a gusto y no presionado por las formalidades del negocio tradicional. Tercero un ambiente familiar, donde todos los integrantes de la familia, incluyendo las mascotas puedan compartir momentos amenos. Y cuarto ser una plataforma para que los nuevos emprendedores se puedan mostrar al público.

Estos tres tipos de negocios me llevan a una misma conclusión, siempre es importante un estudio de mercado donde entiendas la verdadera necesidad y la trazabilidad de tus potenciales clientes, prevenir los distintos efectos que las leyes y regulaciones, realizar un modelo financiero donde realmente pruebe que es económicamente viable, generar un negocio donde las barreras de entrada sean altas, si eres un negocio de nicho; que este sea amplio o caso contrario esté dispuesto a pagar más.

Finalmente y creo que la más importante el éxito del vecino no es necesariamente tu éxito, ya que muchas veces existen pocas bocas para tanta comida.

La competencia no es mala, la copia descarada si, el verdadero emprendedor sabrá que para poderse destacar hay que ofrecer algo diferente, y estar continuamente innovando, ya que eso será lo único que te va a mantener en el tiempo, y no ser una moda más.

La emoción y la pasión es la gasolina de los negocios, pero el análisis y el estudio son el motor, sin gasolina tu negocio no se mueve, pero sin motor no hay que mover.

 Andrés Torres I.